Bicentenario de la independencia de Colombia 1810-2010

Con la siguiente informacion nos daremos cuenta los cambios que ha tenido el arte durante los años 1810-2010 en los paises que participaron en la independencia de Colombia, nos podesmos dar cuenta como en 200 años el arte ha evolucionado de tal forma que ahora sea la pintura mas nitida y observamos las diferentes maneras de arte que hay hoy...


...¿sabias como era el arte en tiempos de independencia y como es ahora?...El arte y la literatura coloniales eran estrictamente controlados por el gobierno y por ello en la mayoría de los casos se referían a asuntos gubernamentales y religiosos. En el concierto artístico internacional, el arte colonial colombiano parece no ser tan apreciado pues otras escuelas artísticas como la Limeña y la Quiteña eran más acordes al gusto barroco que imperaba en la época. Aun así el arte colombiano colonial dejó mucho para el acervo cultural de Colombia. La literatura colonial fue bastante escasa, y al igual que el arte plástico, era estrictamente controlado por el gobierno. Felipe II autorizó la Real Cédula de 1578 que restringía la producción literaria en las colonias, prohibiendo las novelas de caballería y los periódicos que por esa época eran las formas más sencillas que podían incitar a la gente a cualquier sentimiento emancipador. Por ello florecieron la Poesía y las crónicas de Indias. Una primera época en el desarrollo artístico Las actividades relacionadas con la pintura fueron muy escasas en los primeros veinte años del período patrio, porque no existía una tradición local, a diferencia de lo acontecido en otros países hispanoamericanos como México o el Perú. Es indudable que la suma de varios factores concurrentes permiten establecer en un medio social las condiciones requeridas para el desarrollo artístico. Además de las personas señaladas para cumplir con la difícil tarea de la creación plástica, se requiere una tradición en este aspecto del arte, como también los medios necesarios para el adiestramiento —escuelas, talleres, elementos materiales— y un público interesado en esas manifestaciones. Ninguno de estos elementos positivos se daban en nuestro medio en la época que nos ocupa. Con excepción de la pintura, el grabado y la literatura, las restantes actividades fueron casi nulas y conviene destacar que la escultura es de reciente data, pues en épocas de la Revolución de Mayo y de las guerras de la Independencia, el arte escultórico se reducía a la obra de imagineros y retableros religiosos que trabajaban para las congregaciones e iglesias. La pintura surgió sin el aporte indígena y basada en una tradición europea, tanto desde el punto de vista técnico como de los factores expresivos. "Desde los comienzos de su arte —escribió Julio Payró— las obras realizadas por los argentinos han podido diferir por el acento, el tema o la calidad de aquellas que se creaban en el Viejo Mundo, mas no se distinguen de éstas por lo que llamaremos "el lenguaje", o sea por las formas de expresión empleadas. Desde las técnicas (lápiz, pluma, miniaturas, temple, acuarela, óleo, aguafuerte, litografía, etc.) hasta el estilo, la factura, la composición y demás factores expresivos de un dibujo, un grabado o un cuadro, lo que se produjo en el siglo XIX en nuestro país tiene inconfundible raíz europea." Esto no significa desconocer la influencia del medio geográfico y humano local, pues incluso los artistas extranjeros reflejaron con bastante acierto el ambiente criollo. En el primer cuarto de vida independiente, el arte pictórico de nuestro país ofrece ciertas particularidades propias de los artistas o aficionados extranjeros que nos visitaron. En general, se observa en los trabajos un propósito documental, un deseo de perpetuar gráficamente nuestros paisajes, costumbres o personajes característicos. Para aquellos europeos, todo lo que estuviera relacionado con nuestro medio despertaba la curiosidad de lo pintoresco. En la época que nos ocupa, los pintores —todos extranjeros— fueron muy pocos, y sus obras, escasas. Deben mencionarse al francés Juan Felipe Goulu, al suizo José Guth y al inglés Emeric Essex Vidal. Estos artistas pintaron o dibujaron personajes de la época, o bien escenas y costumbres típicas. Practicaron un arte documental, orientado hacia un simple naturalismo. En el campo del grabado pueden recordarse tres artistas nacidos en nuestro medio: el correntino Manuel Núñez de Ibarra, el porteño Gregorio Ibarra y el potosino Juan de Dios Rivera. Entre los extranjeros se destacaron el ginebrino César Hipólito Bacle y el francés Juan Bautista Douville. El arte en el bicentenario de la independencia de Colombia. El nuevo arte figurativo colombiano no desconoce, sin embargo, lo que se ha venido realizando en el exterior. Todos los artistas de hoy están al tanto de lo que pasa en otras partes, pero ninguno está en el plan de seguir dócilmente lo que se hace en las gran¬des metrópolis. Las principales características de la figuración actual en el país pueden enmarcarse dentro de las vertientes del expresionismo -en una gama ilimitada de creaciones que alteran considerablemente la apariencia de la realidad- y del naturismo. En la primera hay trabajos que deliberadamente lindan con la abs¬tracción o en los que el hacer artístico sumerge el motivo en un plano secundario (Miguel Angel Rojas); trabajos desasosegados por vivencias intensas o por circunstancias reales caóticas o muy problemáticas (Carlos E. Serrano, Diego Mazuera) y trabajos con contenidos profundos y serias elucubraciones culturales y exis¬tenciales (Lorenzo Jaramillo, Víctor Laignelet, Luis Luna, Raúl Cristancho) o irrigados de visiones particulares circunscritas a un medio físico específico (Ofelia Rodríguez). En la vertiente naturalista, el buen oficio aprendido de los grandes maestros del pasado y también de las principales figuras del modernismo resal¬ta los temas y los significados (Carlos Salazar). Sin duda, hay ahora una verdadera eclosión de artistas plásticos. En exposiciones colectivas, en los Salones Nacionales y en las Bienales de Bogotá, se ven incesantemente nuevas figuras que permiten pronosticar una continuidad en la proliferación de pintores, artistas tridimensionales y experimentales. Sin embar¬go, dos retos hacia el siglo XXI son, por una parte, la renova¬ción total de las artes plásticas, que en los últimos decenios han presentado síntomas innegables de decadencia y de no poder superar las tradiciones de las propuestas revolucionarias del modernismo -adelantadas tanto en el terreno de los oficios con¬vencionales a partir de Picasso y otros innovadores, como en el terreno del antiarte y del arte conceptual a partir de Duchamp-, y, por otra parte, la superación enfática de la dependencia de las manifestaciones artísticas foráneas, con la firme determina¬ción de crear un arte propio, de verdadero carácter latinoameri¬cano, a partir de las inmensas posibilidades creativas individua¬les y sin ninguno de los prejuicios sin sentido de la identidad nacional. Los comienzos de la arquitectura moderna en Colombia coinciden con los inicios del arte moderno, es decir, los años treinta. En 1936 se funda en Bogotá la primera Facultad de Arquitectura del país en la Universidad Nacional. En el decenio siguiente se abrirán otras facultades en universidades públicas y privadas. Por esos años las grandes ciudades principian a crecer rápidamen¬te por la inmigración campesina, el avance de la industrializa¬ción y los conflictos políticos y sociales que llevarán a la violencia de mediados de siglo. Mientras el austriaco Karl Brunner se puede considerar el pionero del urbanismo moderno en Bogotá -realizó entre otros, el trazado de la Avenida Caracas-, el alemán Leopoldo Rother es su equivalente en el diseño arqui¬tectónico al proyectar algunos de los primeros edificios de la Ciudad Universitaria. A estos extranjeros pronto se les sumarán los italianos Bruno Violi, Vicente Nasy, Ernest Blumenthal y Alberto Wills Ferro, entre otros. Con el trabajo de los primeros egresados de la Facultad de Arquitectura, así como el de algunos colombianos formados en el exterior, el país se vinculó definiti¬vamente a la corriente internacional de los movimientos raciona¬listas europeos (La Bauhaus y Harvard-MIT, el grupo De Stijl, sobre todo, Le Corbusier). Desde entonces y como se puede seguir a través de la revista "Proa", fundada en 1946 por Carlos Martínez y Jorge Arango, la arquitectura realizada en Colombia ha recibido las más diversas influencias (Wright, Aalto, Mies Van der Rohe, Kahn, etc.), ha hecho muy buenas adaptaciones de la mayoría de las tendencias en boga e incluso ha establecido una característica de austeridad, así como una constante de buena arquitectura (Guillermo Bermúdez, Fernando Martínez, Arturo Romero y Rogelio Salmona, entre otros). Esta ha hecho de todo, desde rascacielos hasta multifamiliares -muchas veces sin tener en cuenta el entorno urbano- pasando por edificaciones varias -estadios, aeropuertos, iglesias, clubes, residencias privadas, etc.-, en las que se han utilizado nuevas técnicas y nuevos materiales de construcción. Mucha arquitectura moderna se hizo demoliendo importantes ejem¬plos del pasado e incluso de construcciones más recientes, aun de los primeros decenios del siglo XX. Aunque la piqueta del progreso subsiste, es indudable que uno de los hechos más desta¬cados de la arquitectura reciente, es el que tiene que ver con la recuperación y absorción de edificios antiguos. A estas remodelaciones hay que añadir el mayor interés por el entorno, tanto en términos espaciales como temporales. Sin duda, esta nueva actitud de la arquitectura tiene que ver en Colombia con las muy serias investigaciones sobre la historia del urbanismo y de la arquitectura adelantadas desde hace varios años. Al lado de estas obras de restauración ha surgido una arquitectura nueva que alude a aspectos de la arquitectura del pasado, especialmen¬te a través de abstracciones tipológicas. Y, también pretencio¬sos ejemplos de arquitectura posmoderna en los que se insertan lenguajes historicistas. Más que en las artes plásticas, la economía es un factor de gran presencia en el campo de la arquitectura. La ciudad crece y los edificios y viviendas se construyen condicionados por el dinero. La débil economía del país se ha reflejado constantemen¬te en las obras públicas realizadas por el Estado y en los planes de vivienda, a veces incoherentes y mezquinos, en espe¬cial en los últimos años, del Instituto de Crédito Territorial y del Banco Central Hipotecario. El dinero privado, en ocasiones de dudosa procedencia, ha hecho obras importantes de gran cali¬dad, pero también trabajos suntuarios de pésimo gusto.


http://www.youtube.com/watch?v=s3TowW6vOag
http://www.robertexto.com/archivo14/pintura_arg.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89poca_hisp%C3%A1nica_(Colombia)